Tánger, la puerta de entrada a África

La ciudad de Tánger ha sido nuestro primer destino y último en este viaje por el norte de Marruecos. Llegamos aquí a través del Ferry que une Tarifa en España con Tánger. Al estar cerca de Europa, Tánger goza de un estilo más internacional con gran afluencia de españoles y franceses pero también de varios países europeos.

Nada más arribar con el ferry, uno se da cuenta de que la ciudad está en un proceso de modernización fuerte, con bastante inversión, al parecer de los Emiratos Árabes, lo que está haciendo que la zona portuaria y el paseo marítimo de Tánger esté siendo renovado por completo. Junto al puerto de llegada nos encontraremos de frente con la fortificación portuguesa, donde además, justo en frente estaban en proceso de inauguración de una mezquita nueva muy moderna.

Conforme uno empieza a adentrarse en su laberíntica Medina, uno se da cuenta que la ciudad es muy viva, con mucho trasiego de gente y gente amable que no dudará en indicarte el camino hacia el hotel. No obstante, lo mejor es siempre avisar al Hotel de la llegada para que nos puedan recoger y no vayamos con las maletas perdidos por entre los innumerables callejones de la ciudad. Nosotros estuvimos en el Hotel Dar Souren, con un muy buen servicio, un desayuno en la terraza magnífico y una atención especial por parte del dueño del hotel, un francés de cierta edad muy amable y servicial.

Durante los días que estuvimos en Tánger, visitamos diferentes lugares que nos llevaron a la conclusión de que posiblemente sea una de las ciudades donde uno se encuentra más a gusto dentro del norte de Marruecos. Nos pareció seguro, bonito y con una armonía entre las dos partes que dividen la ciudad, lo nuevo y lo histórico. La Medina de Tánger o ciudad antigua de Tánger destaca por su posición ascendente, sus estrechísimas callejuelas que la convierten en un laberinto donde es muy fácil perderse.


Como llegamos hambrientos el primer día, no dudamos en comprarnos un pan hecho con miel por solo 3 dirhams que nos sirvieron en un puestecito junto a tés típicos marroquíes con menta en algún lugar de la Medina donde nos desorientamos. En compras de este estilo, lo mejor es tener cambio de dírhams. (Si queréis más consejos, podéis visitar nuestra pequeña guía de Marruecos).

En el interior de la Medina lleno de bazares y puestos, nos encontraremos con lugares característicos como el Petit Socco o Zoco chico, una plaza pequeña con estilo español rodeada de cafeterías y pequeños hoteles. Aunque esta plaza sea un lugar de encuentro, destaca sobre todo la plaza del 9 de abril o gran Zoco, un lugar neurálgico de la ciudad, donde podremos encontrar diversos puestos de comida y artículos que se alargan hasta el interior de la Medina. En la plaza también nos encontraremos con el Cinema Rif, un símbolo de la cultura rifeña y una referencia de los amantes del cine.

La ciudad nueva, con poco interés turístico, se centra en edificios y grandes hoteles y negocios. Dimos una vuelta por las grandes avenidas, sobre todo para visitar el mirador de la Terrasse des Paresseux o la Teraza de los perezosos con vistas a la Medina, el estrecho y con buen día, también a España.

Recomendable el restaurante Restaurant Rif Kebdani, buen servicio, buena comida tradicional marroquí a muy buen precio.

Muchos deciden ir también al Cabo Espartel y aprovechar que se sitúa a 12 km al oeste de Tánger, pero nosotros decidimos aprovechar los pocos días que teníamos en visitar otras ciudades y pueblos de la costa atlántica, como Arcila.

 

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