Rabat, la capital de Marruecos

En este viaje en coche que hemos realizado por el norte de Marruecos, no queríamos dejar de visitar Rabat, la capital del Reino de Marruecos. Se llega fácilmente desde Casablanca o desde Fez sin muchos problemas, excepto los del tráfico, la velocidad y los controles. Para más información sobre viajar en coche por Marruecos podéis visitar nuestra entrada sobre consejos útiles en este país.

La ciudad de Rabat está compuesta por barrios con una arquitectura que destaca por juntar el pasado y el presente moderno. Os encontraréis zonas de la ciudad mucho más modernas que otras, sobre todo las que están fuera de la Medina, con estructuras más antiguas.

La Medina de Rabat, rodeada parcialmente de una muralla muy extensa, no es realmente bonita y no tiene la belleza de otras medinas más exóticas como puede ser la de Fez o Tánger. Aunque no sea arquitectónicamente interesante, sus calles son rectilíneas y es más fácil de que uno se pueda orientar. Además, los vendedores de los mercadillos y puestos no son tan insistentes como puedan ser en otras ciudades. Esta ciudad no merece la ayuda de un guía y con un mapa uno se puede hacer a la ciudad fácilmente, a no ser que estéis muy interesados en información histórica y detallada de la ciudad.

 

La principal calle de la Medina de Rabat es la Rue Souika con numerosas tiendas de artículos de artesanía. Al final de esta larga calle dirección norte, nos encontraremos con la Rue des Consuls o Calle de los Cónsules, que está cubierta con decoración y el lugar está lleno de tiendas de alfombras, joyería, bisutería y artículos de decoración donde podremos poner en práctica nuestras dotes para el regateo.

Si seguimos yendo dirección al mar por la Rue des Consuls, acabaremos llegando a la famosa Kasbah de los Oudayas, que es como un pequeño pueblo ligeramente apartado del caos de la Medina y de la ciudad. Al llegar nos encontraremos con una fortificación que protege la Kasbah: la Alcazaba de los Oudayas y en su interior los Jardines Andalusíes. Es muy habitual que antes de entrar alguien se os pegue mientras visitáis zonas turísticas y a cambio de unos dírhams os hagan de guías no oficiales. Nosotros intentamos de diferentes maneras seguir nuestro camino libremente pero un hombre nos seguía haciendo de guía.

Una vez dentro, uno siente que no está en Rabat, ni siquiera en una ciudad. Las calles estrechas, las callejuelas, los recovecos y sus rincones hacen que creas estar en un pueblo típico andaluz. Su color blanco y azul de las paredes os recordará a las ciudades del norte, también de estilo andaluz, como Chefchaouen y Asilah. La zona es virgen, en tanto que no parece estar afectada por la gran ciudad y sus ruidos. La tranquilidad de la Kasbah es total.

Si queréis y lleváis un rato caminando, el Café Maure es un lugar bastante conocido como parada semi-obligatoria para tomar un té moruno y unos dulces mientras se disfruta de sus increíbles vistas.

Desde lo alto de la Kasbah, sobre un acantilado en la Alcazaba de los Oudayas, podrás disfrutar desde el mirador de unas vistas al mar y la ciudad vecina de Salé, justo encima de la orilla del río Bou Regred.

Una vez vistada la Medina y la Kasbah de los Oudayas, nos dirigimos a la otra punta de la ciudad, a visitar la Torre Hassan, un minarete que no se acabó de construir. La torre mide 44 metros de sus 60 proyectados e iba a ser la torre de una gran mezquita iniciada por el sultán almohade Yaqub Al-Mansur (s. XII) pero tras su muerte el proyecto quedó abandonado sin que fuera retomado. En la actualidad queda la Torre Hassan y 200 columnas sobre una gran explanada.

En la misma explanada donde está la torre, también nos encontramos con el Mausoleo de Mohamed V, abuelo del actual monarca marroquí, Mohamed VI. El mausoleo construido de mármol blanco y decoraciones en madera y yeso, es un lugar de gran afluencia turística. Custodiando sus entradas nos encontraremos con soldados tradicionales marroquíes y en el interior, en un nivel más bajo, inaccesible para el público, nos encontraremos con los sarcófagos del rey y de sus dos hijos, custodiados por religiosos que recitan el Corán continuamente.

Con buena organización y sin adentrarnos en museos o visitas guiadas, la ciudad puede ser visitada en un día. Nosotros no disponíamos de mucho tiempo en este viaje con paradas en varias ciudades, por lo que en Rabat solo estuvimos un día y una noche, que casualidad nos llovió durante casi toda la visita. Si tenéis intención de visitar más ciudades en Marruecos, solo podemos animaros a visitar nuestro apartado exclusivo para este país con entradas sobre varias ciudades y desearos un muy feliz viaje!!

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